Marcelo Jeremías

 

        Sobre el asunto del color del sonido podemos hallar un folclore extenso de compositores e intérpretes que hablaron de distintos modos acerca del tema. El color de un acorde o el color de un sonido, el color del timbre de un instrumento o el color de una relación interválica, el color de un ensamble o de una afinación. Así de extenso es el uso de la palabra que hacemos los músicos para describir distintas sensaciones y conceptos, incluso mismo instantes previos a ideas más concretas. Y esto sin tomar en cuenta a los psicólogos que nos dicen que hay personas que por alguna circunstancia particular perciben colores cuando escuchan sonidos y que son cosas con las cuales los músicos nos familiarizamos a través de compositores rusos como Scriabin y Rimski Korsakov.

         Pero la idea más interesante es quizás el relacionar esto con un principio de organización armónica o de otros parámetros como la textura o la relación de escalas mayores y menores, mismo la fragmentación y serialización de tetracordios para crear modos menos habituales y así partir de esta base como un principio de organización sonora hacia un proceso compositivo. Y este enfoque puede adquirir una riqueza impensada.

 

  M.J.

 

Música desde una intención poética

          Pensar en términos de paralelos al lenguaje poético en la palabra y la posibilidad de la música como poesía es un modelo de enfoque que conservo desde muy joven.
 Alrededor de esto recuerdo ciertos juegos que realizaba y que consistían más en un taller de cuento y poesía que en lo que un músico busca como primer esquema de estructura en su lenguaje. Uno de estos juegos era entrar en un bar y escribir las diferentes conversaciones que tenían las personas, o más especificamente fragmentos de frases disolviendo la intención narrativa de los comunicadores para así encontrar ludicamente un nuevo tema, un nuevo texto, otras intenciones detrás de la atmósfera del bar en el papel.
         Entonces así empecé a intuir al objeto verbal como una forma de "dominante musical" ( un acorde especial por la tensión producida en el tritono que hay entre la tercera y la séptima ), y a escribir textos con consecuencias "poéticas" diversas a partir de aplicar procedimientos musicalmente compositivos "en la palabra".
        

 Y fue esta actividad lúdica la que me llevó a entender que en los libros de armonía musical, además de conceptos importantes, había siempre una intención a manera de hipótesis de búsqueda muchas veces "evolutiva" como una suma de elementos en el lenguaje, es decir que mientras más sofisticada la cosa, más moderna sonaba pero a la vez yo conocía poesía muy bella que no era para nada sofisticada. Entonces así desconfié del camino de lo complicado por lo complejo en sí, sin tratar de dejar de ser un observador del fenómeno musical con cierta intención crítica, pero esa crítica empecé a llevarla a la apertura de los elementos poéticos en la música, y esto ciertamente no se dá de un modo tan claro cuando nos enseñan el esquema de las funciones armónicas y los casos de acordes "especiales" como elementos que completan esta teoría. Y además en todas las teorías musicales a las que tuve un acercamiento mínimo observé que los teorizadores utilizaban, a veces de modo forzado, metáforas y palabras salidas de otros contextos y otras disciplinas para intentar dar forma a sus ideas. Pero nadie hablaba frontalmente de las bases poéticas en la música, aunque haya habido libros de estética como el de Strawinsky ( Poética musical ) que eludían el tema pese a llevar ese título.
         Entonces así fuí pensando acerca de los "hilos conductores" entre el lenguaje poético en la palabra y la música como poesía, mismo tomando en cuenta que en los tiempos modernos más que lo evocativo del lenguaje poético está de moda la ironía y el humor que aparece del ridiculizar los mundos evocativos y a las personas con esa intención.
 De este modo me acerqué a un modelo de trabajo que surge de lo mínimo, como puede serlo un acorde o una especie armónica particular manifestada en ese acorde de cuatro, cinco o más sonidos y así empezar el viaje hacia la música.
         Pero la hipótesis que manejaba es que la música como fenómeno es algo de lo que sabemos poco y sobre lo que teorizamos menos, y este es un punto de divergencia con algunas escuelas y conservatorios musicales desde donde se suele a veces exaltar a los autores clásicos y sus obras como los grandes logros de la humanidad en un sentido estático de análisis.
 Entonces, sin dejar de maravillarme por los documentos musicales a los que fuí accediendo, con el tiempo traté de evitar siempre ese aspecto "estático" como modelo de interpretación y traté de reducir las cosas simplemente a un juego, un juego que podía ser jugado de diferentes formas y así llevarme también a distintos resultados.
 Y eso es lo que busqué en los experimentos musicales que desarrollé a los largo de más de diez años en el antiguo estudio T.N.T. en Buenos Aires.
         Y el buscar las relaciones secretas de las cosas en los distintos paisajes del mundo de la palabra me resultó semejante a interpolar diferentes ejes tonales en la construcción de la música.
 Además pude constatar que los modelos "cósmicos" o las especulaciones acerca de la forma del universo desde los tiempos más antiguos se correspondían con distintos modelos teóricos en la música hasta llegar al desarrollo de conceptos complejos como la idea de tonalidad y armonía musical.   


         Un ejemplo claro de eso es la correspondencia del desarrollo de la perspectiva en la pintura ( la tridimensionalidad del espacio ) con la decantación del significado de la función armónica de "subdominante" como profundidad espacial.
         Y así fuí "achicando el cerco" para ir relacionando ejes narrativos con ejes tonales, especies armónicas con palabras, procesos cadenciales con metáforas y distintas posibilidades que fuí desarrollando como preguntas antes que como respuestas,
como preguntas al sonido en una intención práctica que desconfía de misticismos prefabricados para intentar contextualizar la base de mi trabajo en un punto coherente con una realidad social.
 
         También es cierto que me da pena ver como a veces se usa a la música para inventar teorías psicológicas, antropológicas, de animación y de todo tipo ( como un simple snobismo ) sin recabar en el valor del sonido desde el propio sonido, y ese es otro móvil que me lleva a escribir estas líneas. Y por eso me agrada hablar en primera persona ( sin ocultar mi origen de trabajador mas aquí de la música ) y prefiriendo rendir culto a los amigos y colegas con quienes supimos compartir experiencias que nombrando autores contemporáneos acerca de quienes nunca voy a estar seguro de qué es lo que en realidad pensaban.
        Sin negar el valor anecdótico de sus obras, pero entendiendo que la gran obra es la naturaleza y uno por lo menos alguien que pretende elegir el anteojo con el cual la mira y la contempla.
 
                                                                        M.J.